Sí, estoy armando un plan de esos que hay que seguir durante un número de semanas, en este caso diez, para lograr un objetivo: volver a ser yo.
Nada de eso de “estoy gorda y debo bajar un número de kilos X”. Eso ya no se usa, y menos cuando te codeas con señores macizos en el gimnasio y tienes un monitor de fuerza que vive entre susurros de “massamusscularrr”… Pero sí, estoy en eso. Básicamente, porque he acumulado más grasa de la apropiada para mi estructura ósea y mi peso óptimo.
No estoy buscando la vanidad superficial de parecer una niña de 30 años; busco que en septiembre mi ropa cierre correctamente para poder presentarme ante mis alumnos con total dignidad. En mi taller de autoestilismo, mi vestimenta es mi primer material didáctico. Tengo que ser el ejemplo vivo de lo que voy a enseñar: si voy a transmitir cómo dominar las líneas, las formas y las proporciones, mis propias elecciones de ropa deben ser impecables y consecuentes. Y en este momento, estoy atrapada ahí.
No quiero un frío número en la báscula. Prefiero hacer como mi exquisita abuelita Carmen, que tenía una cinta métrica en el cajón de la mesita de noche. Todas las mañanas se medía la cintura para establecer cuánto comería ese día.
Con ese método vintage y un planning-sistema diario de actividades que obvia los objetivos rígidos —lo cual, curiosamente, es de lo más actual— voy a trabajar los próximos días. A ver si en estas diez semanas logro abotonar un lindo pantalón de lana que espera por mí en el armario.
Por ahora tengo las directrices principales de este proceso de volver a ser una coaching de estilo. Se atacan varios frentes a la vez: la nutrición, el más arduo y complicado mentalmente, sin dejar de comer bien; el gimnasio, tres o cuatro veces a la semana con macro, meso y microciclos (también vintage); el armario, quizá el más doloroso, para hacer un decluttering cuidadoso de mi ropa, para que esta complemente mi morfología corporal actual y haga balance entre lo que me quedará bien y lo que ha perdido vigencia esperándome, aunque mi ropero es bastante atemporal; el material didáctico para mis clases, del cual estoy orgullosa pero debo poner al día; y mi foto de portada en la plataforma Superprof para que nadie me confunda con el «antes» de un programa de makeover o de asesoría de imagen tradicional.
Todo esto va aderezado con un seguimiento implacable de estadística personal que tengo planificado para llevar un control de todo… Si lo voy a hacer, lo haré bien… lo haré con cuidado. No voy a decir que comienzo el lunes, sería un lugar común impreciso. Comienzo mañana, viernes, mientras escucho algo de Pink Floyd, el lado oscuro? Eso.
Sigamos adelante.

Deja un comentario