Desmenuzando una vignette: la arquitectura en lo menudo…
Hoy he rediseñado la decoración de mi mueble chino.
Lo compramos a muy buen precio en el rastro de Madrid; los propietarios de la tienda nos lo trajeron ellos mismos a casa, un señor y una señora chinos auténticos, de castellano casi nulo, un encanto de gente.
El mueble es rojo y está cubierto de dibujos, textos, animales, escenas; por dentro también. Tiene infinidad de cajones y dos puertecitas que servirán para colocar la colección de whisky de mi marido.
En la parte superior hay un vidrio que protege los dibujos y, sobre él (aunque los tape un poco), he decidido hacer una vignette, como dirían los franceses. Una vignette es una pequeña historia contada en un rincón a través de objetos; tiene ciertas normas que ayudan a construir una escenificación equilibrada. Pueden obviarse, pero conviene conservar el criterio conceptual.
Mi bicho (la IA que utilizo) lo explica así: elegir un lugar destacado, definir un tema (color, estación, colección) y agrupar objetos con variedad de alturas y texturas para crear interés visual, enfocando la atención en un objeto específico; una disposición cuidada, apoyada a veces en una base (una bandeja, un libro) y, si se quiere, algún recurso casi fotográfico para realzar el punto focal.


Estos esquemas están por todas partes en Pinterest; hay muchos, y ayudan a comprender la estructura de las vignettes. Siempre aparecen ciertos elementos: algo que ilumine (lámparas, espejos), verde o flores, imágenes enmarcadas, libros o bandejas como soporte, piezas bajas… y, sobre todo, un concepto que lo una todo.
En este caso me he puesto en modo étnico y he decidido respetar el origen del mueble. He añadido libros como base (las bandejas eran demasiado grandes y el mueble muy estrecho); por supuesto, libros de cocina china e hindú. Sobre ellos, un jarrón mexicano comprado también en un rastro, con unas florecillas de seda.

Los jarrones han sido regalos muy queridos, hechos a lo largo del tiempo por unos amigos parsis. Los pequeños cuadros son tarjetas chinas que se usaron como felicitaciones. Y el cuadro de Quintana Castillo, pintor venezolano que siempre me ha gustado, encaja bien con sus colores brillantes y primarios. De todos ellos tengo anécdotas y recuerdos interesantes en las que me extenderé en los Fragmentos de Memoria
A los pies he colocado una alfombra de oración que me acompaña desde hace un millón de años. Me la vendió un señor iraní con la promesa de que trataria de orientarla a la Meca y que nunca rezaría sobre ella a otro dios que no fuera Alá; prometido quedó.
No ha salido una vignette como las que se ven por ahí, tan cuidadas y casi minimalistas en términos de color. Pero esto somos nosotros: pesimistas, sí, pero coloridos.
